“[No fue] solo un viaje”, crónica de un verano en Japón

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por José Alberto Esparza Guerrero

[Observamos posturas y enfoques de nuestras carreras en una cultura distinta]

Una experiencia, solo un viaje más. Los típicos turistas en un país extraño, al otro lado del mundo, una cultura casi opuesta y lejana; a eso sonaba un verano en Asia, en Japón específicamente; sin embargo había una inquietante curiosidad, una puerta abierta y una experiencia que no dejamos pasar. Los preparativos pasaron más lentos que nuestra fugaz y excitante experiencia en aquel país, reuniones y advertencias protocolarias llenaron esos días previos al viaje.

Serian dos materias revalidables para ITESO, el programa incluía eso, la posibilidad de obtener conocimiento; observamos posturas y enfoques de nuestras carreras en una cultura distinta, una sociedad sumamente sensible ante el arte, el diseño y la arquitectura; ramas en las que se enfocaría el verano. Iniciamos con una materia a modo de recorrido arquitectónico histórico, donde visitamos iconos de la arquitectura nipona a través del tiempo, sintiendo atmosferas de choque y contrastes, perspectivas contemporáneas sin dejar un solo momento su herencia de espacios ricos en cargas fenomenológicas, flexibles y sutiles; diseñando todo a flor de piel.

El conocimiento se transmite cuando las partes se interesan y se unen para compartirlo, el arquitecto Takuma Ikeda y Fumiko Ito se encargaron de mostrarnos su país, nos compartieron sus espacios y nos fueron mostrando los legados de sus ancestros, se hicieron unos de nosotros en el entendido de empatía y fineza; comprendiendo nuestras ignorancias y riendo con nuestro sentido del humor alejado del suyo. Gracias Takuma, gracias “Fumix” por dejarnos entrar así de fácil a una cultura que merece tal respeto, por siempre tener una disposición y un real entusiasmo de compartir la maravilla de Japón.

[La gentileza y apoyo que obtuvimos por parte de completos extraños fue admirable e increíble]

Fuimos trotamundos, acompañados por Alfonso Peña logramos atravesar el país subíamos y bajábamos de cuanto transporte se nos cruzaba, aun sueño con aquellos interminables pasillos subterráneos en los que cruzábamos miradas, que aunque de rasgos distintos, eran miradas humanas, cargadas de un fenómeno antropológico ante el inminente choque cultural. Mucho que aprender de ellos; la gentileza y apoyo que obtuvimos por parte de completos extraños fue admirable e increíble para unos mexicanos que socialmente estamos muy desacostumbrados a confiar.

Lo mismo fuimos a lugares de paz y llenos de poderes espirituales como a lugares de completo ruido y bullicio, contrastes cotidianos; santuarios sintoístas a pie de avenidas, en los que podías pasar del silencio y la tranquilidad a la ajetreada vida de una ciudad como Tokio, observar nuestro reflejo en edificios de completa vanguardia como sentir el crujir de la antigua madera en los pisos de templos budistas, pasar al lado de personas portando seda en kimonos con el mismo orgullo que los que vestían moda alterna y extravagantes cortes de cabello, dormir en sofisticadas cápsulas con un aire espacial, como en tradicionales tatamis.

Había que llegar a un sitio, establecernos por un momento para recibir una segunda materia: el biodiseño. Nos establecimos en Kurashiki y pasamos de estar en trenes bala y en la red complejísima del metro de Tokio al tren rural, el JR (Japan Rail) que pasaba por paisajes verdes, sobre sembradíos inundados de arroz y comunidades detenidas en el tiempo. Este hermoso panorama fue un constante en nuestro camino a la Universidad de la Prefectura de Okayama, donde conocimos a otros dos maestros que se sumarian a nuestro grupo, los diseñadores industriales: Naoko Takeda y Mau Macedo, quienes no tuvieron otro empeño que no fuera el compartir con nosotros todo su conocimiento.

[Siempre: Diseñar con el corazón y pensar con las manos]

Mau nos mostró como moldear nuestras ideas, y esperar a que se horneen para que se vuelvan arte. Con Naoko recorrimos más de Japón, visitamos jardines de inmenso amor, respeto y técnicas que resaltaban ante nuestros incrédulos ojos. De la mano de Naoko fuimos sensibilizando nuestros sentidos, percibimos esos detalles que nos da la naturaleza e intentamos abstraer el mundo biológico en aspectos de diseño industrial y arquitectónico. Gracias Naoko por todo lo compartido, por tu sensibilidad y maestría. Nunca olvidaré esa humildad que te hace un ser más valioso. Siempre: “Diseñar con el corazón y pensar con las manos”.

Japón serás un país recordado con gran añoranza, alegría por lo vivido y con un suspiro del alma por parte de un grupo de mexicanos que estuvieron muy cerca, en tus entrañas y en tus alturas, con tu gente y en tus legados para el mundo.

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